Para una friki de la Navidad como yo es normal que Diciembre sea su mes favorito del año. Me gusta el frío, la nieve, las luces, los adornos, las compras, las pelis navideñas, los villancicos, las reuniones familiares, la comidita especial, el roscón, el árbol con los reyes de chocolate, el calendario de adviento, la lotería, las uvas, la sidra, los puestos de la Plaza Mayor, los christmas, saber de gente con la que no hablas tan a menudo como quisieras, los buenos própositos para el nuevo año,... y podría seguir así hasta mil.
Pero este año la llegada de Diciembre tiene un extraño sabor agridulce al ser los últimos días que paso aquí (sólo dos semanas y media ya para volver). Siempre cuando se acerca el final de algo tengo la misma contradictoria sensación de alegría y tristeza, y esta vez no podía ser diferente. Por un lado estoy ansiosa por volver a casa, por todos los pequeños detalles que comentaba el último día y porque en Navidad no se puede estar en otro sitio que no sea allí (no logro entender a toda esa gente que se va a pasar las fiestas fuera...). Tengo ganas de estar en mi ciudad, con mis amig@s y mi familia, especialmente con mi abuela, a la que tanto echo de menos esta vez.
Pero por otro lado... Esta aventura no ha sido por mucho tiempo pero me he sentido tan bien que me da pena irme y dejar todo lo que aquí he encontrado, despidiéndome otra vez de las personas maravillosas que he conocido. Creo que otro síntoma de que me hago vieja es ese, el que a pesar de que cada vez estoy más acostumbrada a dejar atrás a la gente (y sinceramente nunca me ha importado demasiado), el caso es que poco a poco va siendo más difícil.
Y no sólo es eso; es la sensación encontrada entre la emoción por los nuevos proyectos y la incertidumbre por el futuro. Se que pasaré las Navidades en casa, el mes de enero lo dedicaré intensivamente a estudiar, en febrero tendré los exámenes de la uni, y luego?? Pues como siempre, mil ideas y ninguna clara, más castillos en el aire que sólo podré concretar en el último momento.
Pero bueno, en realidad tampoco es que me queje, ni mucho menos. Yo he elegido este estilo de vida y estoy experimentando tantas cosas que jamás soñé y que me hacen tan feliz... Lo que pasa es que la gente loca como yo solemos tener una constante nube de pensamientos inconexos en la cabeza y a veces nos da un pequeño cortocircuito pero, afortunadamente, en dos minutos nos recuperamos. Para lo cual, aprovechando estos días de fiesta, voy a salir de casita, hacer turismo y disfrutar para así darle una tregua a la jaula de grillos de mi coco :p